Recuerdos de Jim Morrison
Jim Morrison fue acusado del delito mayor de conducta impúdica y obscena, y de exhibición indecente y ebriedad.
Un lector es como un viajero, como un verdadero viajero, uno de esos seres que, en ruta, desean que su destino, aquel lugar que los puso en el camino, se aleje; que sabe cuándo su viaje una travesía por un libro, por unas tierras, por el cielo- comienza, pero ignora cuándo ni cómo termina. Soy devoto de Joseph Conrad, y hace poco releí El corazón de las tinieblas; y volví a ver Apocalypse Now, la película que Francis Ford Coppola hiciera en 1979, basada en esa novela. Y esta vez no fue el maniático, el visionario Kurtz, ni los versos de Dylan Thomas recitados por Marlon Brando en las aguas oscuras de un río salvaje, lo que más cálidamente revivió en mi pecho. Esta vez, cosa de los años, lo más cruel fue la música, The End, la canción de Jim Morrison y The Doors, que volvió a grabar en mi memoria imágenes de bombas norteamericanas haciendo saltar por el aire pequeñas aldeas de campesinos pobres. Me vinieron recuerdos de Jim Morrison, ese joven tímido, vehemente, que lleva veintisiete años descansando en el cementerio parisino de Pere Lachaise, donde lo visitan a diario cientos de jóvenes de todo el mundo.
domingo, 2 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario